Entender el problema es el primer paso para encontrar soluciones que realmente funcionen
Los ojos humanos no están diseñados para mirar fijamente a un punto durante horas. Cuando lo hacemos, los músculos que controlan el enfoque se fatigan, el ritmo de parpadeo cae a la mitad de lo normal y la superficie del ojo se reseca. El resultado: picor, enrojecimiento, visión borrosa y dolor de cabeza.
Este conjunto de síntomas tiene nombre: síndrome visual informático. No es una enfermedad grave, pero afecta a la productividad y al bienestar diario de millones de trabajadores que pasan más de cuatro horas al día frente a una pantalla.
La buena noticia es que el entorno de trabajo tiene mucho que ver con este problema, y también con su solución. No se trata de resignarse ni de dejar de usar el ordenador, sino de hacer las cosas de una manera más inteligente.
La posición del monitor, la cantidad y tipo de luz en la habitación, los reflejos en la pantalla y la distancia a la que te sientas son factores que el ojo tiene que compensar constantemente. Cuando uno de estos factores no es el adecuado, los músculos del ojo trabajan de más.
Un monitor demasiado brillante en una habitación oscura obliga a los ojos a adaptarse continuamente al contraste. Trabajar con el sol dando directamente en la pantalla hace que los ojos se entrecierren y fuercen. Sentarse demasiado cerca hace que los músculos de enfoque se tensen sin parar.
La suma de todos estos pequeños problemas es lo que al final del día sientes como cansancio, ardor o dolor de cabeza. Abordarlos uno a uno es completamente posible y no requiere grandes inversiones.
Al mirar una pantalla, parpadeamos unas 5 veces por minuto en vez de las 15-20 habituales. Eso reseca la superficie ocular rápidamente.
Un monitor 5 centímetros demasiado alto o demasiado cerca puede causar tensión acumulada en el cuello y los ojos a lo largo del día.
Los ambientes secos o con calefacción fuerte aceleran la evaporación de la película lagrimal, aumentando la sensación de ojo seco.